Luis Carlos de la Lombana: «En España hace falta menos picaresca y más quijotismo»

Entrevista originalmente publicada en la revista Puente Atlántico en julio de 2013

LuisCarlosdelaLombanaPuente Atlántico charló con el actor Luis Carlos de la Lombana, quien lleva viviendo y trabajando en Nueva York desde 2007. En esta ciudad ha encontrado la oportunidad de representar a Segismundo en “La vida es sueño”, su personaje favorito; y otra serie de roles por los que ha recibido varios premios de la crítica y el público. Además, en la Gran Manzana, este intérprete y abogado de 37 años originario de Santander reunió la energía y el valor para aventurarse con La Strada, una obra de producción propia en la que invirtió todo su dinero y más de dos años y medio de su tiempo. El alto nivel de exigencia de la ciudad ha hecho que de la Lombana se reinvente como profesor, algo que confiesa le enriquece a él tanto o más que a sus alumnos.

PA: Te mudaste a Nueva York con 31 años. ¿Por qué, entre todas las ciudades del mundo, escogiste esta?

LCL: Porque había venido a Nueva York de visita en 2006 y me había enamorado absolutamente de la ciudad. A mí lo de la media naranja me pasó con esta ciudad. Me pareció que su energía iba mucho conmigo. También percibí que aquí había muchas posibilidades de trabajar en castellano. Eso fue una corazonada y luego la verdad es que se ha cumplido en muchas cosas. Sobre todo con el papel de Segismundo de La vida es sueño. Para mí fue crucial que me dieran esa oportunidad y el hacerlo en Nueva York es una forma de dejar patente que aquí hay muchas posibilidades para hacer proyectos interesantes en castellano.

PA: ¿Se puede vivir de las artes y de la cultura en Nueva York?

LCL: Solo si lo compaginas con más cosas. En mi caso, actividades que me permitan mantener mi carrera de actor. Es decir, trabajos que no me aparten por completo de actuar, como dar clases. Si trabajase en un restaurante durante 7 horas al día, podría hacer audiciones, pero no las prepararía igual o estaría cansado. Si triunfase en Broadway, igual podría vivir solo de actuar. Pero hasta eso es difícil. Una profesora que tuve me confesó que incluso cuando conseguía un buen papel no dejaba de hacer sus otros trabajos, porque la obra es temporal y cuando se acaba no sabes cuándo vas a volver a tener ingresos.

PA: ¿Tú cómo suplementas tus ingresos del teatro?

LCL: Ahora mismo doy clases de español, clases de hablar en público a empresarios y ejecutivos y clases de teatro para niños. También enseño teatro en verso a actores hispanos interesados en conocer las técnicas que a mí me enseñó Don Vicente Fuentes en la Compañía Nacional de Teatro Clásico.

PA: ¿Qué es lo más difícil y lo más fácil de vivir en Nueva York?

LCL: Lo más fácil es distraerse o agotarse. Y lo más difícil es concentrarse con la energía que requiere el sueño que quieres alcanzar. Algunos piensan que lo más difícil es cumplir ese sueño, pero lo difícil es focalizarse con la energía que requiere el sueño que quieres cumplir.

PA: ¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

LCL: Estoy actuando en El amor en tiempos del cólera, una obra que al público le gusta muchísimo, en especial al público latino, porque muchos conocen la novela de Gabriel García Márquez. También acabo de terminar de grabar La vida inesperada, una película con Javier Cámara y Raúl Arévalo, dirigida por Jorge Torregrosa y con guión de Elvira Lindo. Por otro lado, he participado en Canvas, un cortometraje en el que hago el papel de un coreógrafo travesti. El corto está bastante bien escrito y, aunque es muy cómico, también tiene un punto serio. Estoy muy contento con este proyecto porque es en inglés, y tengo el sueño de hacer
cine en inglés.

PA: ¿Piensas en regresar a España?

LCL: Sí, muchas veces. Mi sueño es poder trabajar en EE.UU. y también en casa, pero creo que primero tengo que conseguir trabajar a menudo y hacer cine o televisión aquí. La verdad es que te planteas volver cada día que sientes que esta ciudad es un monstruo, pero yo espero volver cuando me hayan ido bien las cosas aquí.

PA: Cuando miras a España, en especial a la forma como se está tratando la cultura, ¿cómo te sientes?

LCL: No estoy de acuerdo con la subida del IVA cultural. Dijo Mario Gas que parece una penalización al mundo de la cultura por tender a posicionarse del lado de la izquierda y que eso ha supuesto que no haya contemplaciones a la hora de tomar la decisión. Pero al final quien sufre no es el mundo de la cultura de izquierdas, sino toda la cultura en sí. Esto conlleva que la gente se vea privada de un bien que dignifica y enaltece a una sociedad en la medida en que la cultiva y le da mayores puntos de vista. En España se piensa que la cultura es ocio, que es un bien de cuarta o quinta necesidad; y no se entiende que la cultura es lo que hace que haya una menor mediocridad en el nivel intelectual de la sociedad. Si en España no se alimenta el valor de la cultura más allá del ocio, entonces será muy difícil que grandes artistas confluyan allí, que personas con fortuna se conviertan en filántropos. Conclusión: al final se espera todo del Estado. Pero el Estado no es papá Estado, no puede estar dándonos de todo como una gran teta, como hemos pensado en España durante muchos años.

PA: ¿Crees que España, tanto a nivel cultural, como político puede aprender de EE.UU. y en concreto de Nueva York?

LCL: De Nueva York puede aprender todo el mundo. Como para sobresalir en esta ciudad necesitas destacar, es irremediable que genere un tráfico de ideas, de pensamientos y de aportaciones mucho más interesantes que las de otras ciudades. Nueva York te exprime y al exprimir saca lo mejor de cada uno. Así que cualquiera puede aprender mucho de una ciudad así, sobre todo de la mezcolanza de culturas. España puede aprender de Nueva York como ciudad plural, donde no tiene sentido poner barreras y diferenciarse, y lo que sí tiene sentido es descubrir cómo uno puede integrarse y nutrir lo suyo con lo de fuera y conseguir crecer mezclándose con lo ajeno. Otro aspecto es la picaresca, que no existe en EE.UU. de la manera que existe en España. A veces parece que en EE.UU. es donde nació el Quijote, porque son más soñadores. En España deberíamos recuperar esa figura y dejar de lado un poco la del pícaro.

PA: Esa es una idea muy interesante.

LCL: Últimamente cada vez que puedo comparto la idea de menos picaresca y más quijotismo. Al fin y al cabo nos han ganado la partida los americanos en quijotes, una figura que hemos desdeñado pensando que es una quimera, que no se puede ser tan soñador. En el fondo lo que hemos hecho al pensar así ha sido adquirir una conciencia de mediocres que no nos permite ser tan soñadores porque eso significa que te vas a acabar estrellando. Pero sí nos permite, sin embargo, ser más listos que el vecino, sacar tajada de lo del de al lado. Y al final eso ha ido pudriendo poco a poco nuestro sistema y ahora nos afecta a todos.

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