Sara Montiel: «Soy una mujer normal. Bueno, normal no»

Este artículo apareció publicado por primera vez en ABC el 08/04/2013

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El 10 de marzo de 1928 nació en Campo de Criptana Antonia, la hija de Isidoro Abad y María la Peinadora, experta en hacer ondas de agua. Antonia nació porque quienes le practicaron un aborto a su madre pensaron que el trabajo estaba terminado cuando extrajeron del cuerpo de María un feto. Lo que no sabían es que María esperaba gemelos y que en su interior otro bebé seguía creciendo. Ese bebé acabó convirtiéndose en una de las actrices más importantes que ha dado el cine español: Sara Montiel.

«84 años os contemplan», recuerda la manchega, quien visitó durante el viernes el Instituto Cervantes de Nueva York (ICNY). El centro cultural homenajeó a Montiel con la velada «Una noche con Sara. 55 años de “El último cuplé”», con la que pone el punto y final a una mini gira por Estados Unidos que la ha llevado a actuar a Chicago y a participar en la Universidad de Cincinnati (Ohio) en varios eventos dedicados a promover su legado e investigar su influencia como referente del mundo gay.

Para presentar a Montiel a su público y dejar patente el interés que la artista aún suscita, Javier Rioyo, director del ICNY, se valió de una comparación. «Con Sara Montiel ha habido tantas cámaras aquí como hubo con Mario Vargas-Llosa cuando recibió el Nobel». Quien también participó en la presentación fue el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, quien envió una carta a Montiel que fue leída ante los presentes por un miembro del equipo cultural de la ciudad. «Es un honor unirme al ICNY en esta celebración de tu fabulosa carrera. Sumo mi voz a la del coro de seguidores que te desean lo mejor», rezaba la epístola del político.

Montiel, vestida de riguroso negro, dedicó más de una hora a hablar con su público, con el que compartió bromas y respondió a sus preguntas.

«Soy una mujer normal», comenzó a describirse Sara Montiel, quien inmediatamente se corrigió: «Bueno, normal no». En ese instante que tardó en rectificar su afirmación debieron pasar por su cabeza los huevos fritos con puntilla que le preparó a Marlon Brando, su boda por artículo mortis con Anthony Mann en 1957, los feos que le hizo María Félix durante años, los platos que rompió en el restaurante Four Seasons de Nueva York cuando el maître le dijo que ella podía cenar en el establecimiento, pero su acompañante (la cantante Billie Holiday) no; o cualquiera de las otras barrocas anécdotas que Sara guarda en su memoria de elefante.

Escuchar a Sara Montiel hablar de su pasado es tener acceso a siete décadas de detalles sobre el mundo del arte y del espectáculo. Con la misma naturalidad que habla sobre Miguel Mihura, su primer amor; compara su carrera en Hollywood con la de actrices recientes como Penélope Cruz. «Yo no es que llegara directa, es que vinieron ellos a contratarme a mí», afirma Montiel, quien confiesa que como artista le ha sonreído la vida. «Yo no quiero decir que fuera súper, súper, súper; pero un poco súper sí que era», explica jocosamente la actriz que rechazó un contrato con Columbia para regresar a España en 1957. Fue en su país donde, tras el éxito de «El último cuplé», firmó un contrato que le pagaría un millón de dólares (39 millones de pesetas de la época) por cada una de sus siguientes 8 películas. Montiel sí que fue «la bien pagá».

«Sarita era entonces una atracción más grande que ahora Madonna, Justin Bieber y Lady Gaga todos juntos», opinó Juan Villarreal, un bonaerense que fue uno de los galanes que trabajó con Montiel en el espectáculo «Los 24 galanes de Sarita» que se estrenó en la capital argentina en 1960.

Tras la conversación, Sarita se puso en pie para volver a interpretar una vez más algunas de las canciones que la hicieron famosa internacionalmente. Acompañada al piano del maestro Pablo Zinger, cantó «Bésame mucho», «Fumando espero», «Vereda tropical» y «El relicario». Entre aplausos, Sara dejó el escenario para comenzar a hacer gala de su don de gentes y posar con gusto para todas las fotos que sus fans le pidieron.

«Sara tiene una gracia y un ángel gracias a los que pudo cruzar barreras», apuntó Israel Rolón-Barada, uno de los dos profesores de la Universidad de Cincinnati gracias a cuya perseverancia Sara ha regresado a Estados Unidos.

Montiel se despide mañana de Nueva York, una ciudad en la que llegó a residir y que encuentra «siempre maravillosa», para poner rumbo de vuelta a España. Allí seguirá trabajando como ha hecho desde los 14 años. Y es que aún hay Sara para rato.

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